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Stephen Curry y la piedra filosofal

  • El resurgir de Steph desde la lesión de Durant

En el año 1997, una tal J.K. Rowling, hasta entonces una desconocida, decidió que iba a cambiar el mundo. El mundo de la magia, de la literatura, del asombro. Y lo hizo con la publicación del primer libro de una saga para la historia: Harry Potter y la piedra filosofal.

La historia de un niño que tenía poderes, que había sobrevivido a ‘el señor tenebroso’ y que ahora iba a adueñarse, para bien, del mundo. Harry Potter significó para muchos una de las revoluciones de la ciencia ficción. Una historia que se coló en la cima de la lista de best-sellers de ciencia ficción que otorga el prestigioso periódico estadounidense ‘The New York Times’.

Un libro que cambió paradigmas y que conquistó a propios y ajenos. Y probablemente ese sea su mayor éxito. Muy pocos autores pueden jactarse de que su público sea tan amplio como lo es el de Harry Potter. Desde los niños que escuchan como sus padres se lo leen en la cama, los jóvenes que aprovechan cada rato libre para sumergirse en sus aventuras, los adultos que lo leen en trenes o buses e incluso la gente mayor, que se asombra con la perspicacia del trío conformado por Harry, Ron y Hermione.

Pero lo mejor de este libro, cómo no, es la magia. Esa que nos hace olvidarnos por un rato de quienes somos y, en muchos casos nos saca una sonrisa. Aquí la magia la protagonizaba, quién lo diría, una piedra. Una piedra que daba la vida eterna a quien la tuviera y que aparecía en las manos de una persona cuando realmente la necesitaba. Una piedra filosofal a la que hoy bien podríamos llamar Stephen Curry.

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Stephen Curry ante los Blazers. Vía: NBA

Porque pocas cosas se parecen más a la magia que el juego de los Golden State Warrios, y pocas personas se asemejan más a Harry Potter que el propio Curry. Un jugador que, cómo lo hizo J.K. Rowling en los finales de los años 90’, causó una revolución en su mundo. Steph supo enamorar y enganchar a -casi- todo aquel que lo viera jugar. Pero también es cierto que, cuando tocó, supo dejar su rol protagónico en manos de un asombroso Kevin Durant.

Sin embargo, en los últimos partidos de estos playoffs, que Kevin Durant está viendo desde su casa a causa de una lesión en la pierna, Curry reapareció. Como si los Warriors se hubieran mirado en un espejo y deseado tener la piedra filosofal en su bolsillo. Esa que les diera magia y también la vida eterna. Y la piedra en el bolsillo no fue otra que el ‘30’ de los de Oakland.

Al final del día, muchas son las diferencias entre Stephen Curry y Harry Potter. Uno tiene barba y bigote, el otro unas gafas y una cicatriz muy características. Uno perdió a sus padres, el otro tiene a los suyos aplaudiendo desde la grada. Sin embargo, hay una cosa que los une, que los hace -casi- iguales, su magia. Esa que nos volvió locos miles de veces, la que intentamos explicar pero no encontramos las palabras. Esa magia que lo puede todo y que aparece en los momentos más oportunos. Esa que ayudó a Harry Potter ante Voldemort y que está siendo el timón de estos Warriors desde la lesión de Durant.

Y así lo demostró ante Houston, con esa segunda parte para la historia en el juego decisivo en el que Don Stephen se fue al descanso sin haber anotado y acabó el encuentro con 33 puntos. El 'mago' anotó 23 puntos en el último cuarto del primer partido que disputaron sin Durant en estos playoffs.

Pero la cosa no se quedó aquí, porque los magos siempre tienen un as bajo la manga, y Curry no iba a ser la excepción. En los dos primeros partidos de la Finales de Conferencia del Oeste hemos visto la mejor versión de Stephen. Volviendo divertirse cuando está en la pista y sintiéndose un niño. Ese mismo que hace muchos años veía a su padre jugar desde la grada.

 

 

Tampoco debemos olvidarnos de los ayudantes del mago, ni de los amigos de Harry. Andre Iguodala, Draymond Green, Klay Thompson. Todos jugadores que en muchas ocasiones quedan en un plano secundario pero que son claves para el funcionamiento de estos Warriors. 

Nunca sabremos que hubiera pasado si Durant no se hubiera lesionado, pero lo que sí podemos afirmar es que estos Warriors nos están haciendo disfrutar como niños de este deporte. Y que Curry se está divirtiendo igual o más que los aficionados. Si su carrera fuera un libro, nos lo devoraríamos como hicimos en su momento con Harry Potter.

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