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El desarrollo del "run and gun", por Doug Moe

Un estilo único. Eso es quizá lo más complicado de lograr. Durante tu carrera puedes encontrarte con el cielo y el infierno, la gloria de los anillos de campeón y el fracaso de las temporadas sin PlayOffs. Puedes establecer una serie de logros que te sigan fielmente el resto de tu vida y que den fe de todo lo que has logrado. Y que entonces llegue alguien, con tu mismo estilo de juego, y caigas en el olvido eterno. Porque eso es lo que pone el candado, la guinda a un legado. Y lo que te salva en caso de no ganar nada. Ya has dejado una imprenta en la forma de jugar. El baloncesto ya no se ve como se veía antes. Y entonces dan igual las victorias que hayas conseguido. Tu carrera ya está salvada.

Y Doug Moe lo logró. Aprendió en sus años en North Carolina, en sus vivencias en Italia, como jugador y posterior asistente en la ABA, y se lo mostró a sus jugadores. Les enseñó cada pequeña parte de lo que había ido creando conforme el paso de los años, les ayudó a entender cómo funcionaba su baloncesto, y cómo llegarían a ser el equipo más anotador de la historia de la NBA. Aunque para llegar a eso primero hay que ir a sus principios. Donde se encuentra el verdadero germen de todo.

De vuelta a foster Park

Brooklyn, en los años 50, era conocido por ser la forja de las estrellas. En donde las Avenidas Nostrand y Foster se juntaban, en la sección Flatbush de Brooklyn, muchas leyendas veían la luz. Y no siempre tenía que estar ligado al anotar. Aunque Doug Moe, como no podía ser de otra forma, no se quedaba atrás en este aspecto.

En el Foster Park, que a día de hoy organiza una liga de baloncesto anual, jugadores del Erasmus Hall High School, como Billy Cunningham, y de escuelas de los alrededores, se juntaban tras las clases, incluso durante los fines de semana, y jugaban hasta que la oscuridad daba paso a la fría luz de las farolas y era hora de volver a casa. Esto, como contó Moe en diciembre de 1984 al NY Times, suponía que siempre le tocaba jugar contra jugadores que le superaban en edad y tamaño, y que le llevaban al extremo del esfuerzo.

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Pasión y comunicación, la clave para Doug Moe (Foto: The Denver Post)

Lo que le permitió aprender, absorber la filosofía del run-and-gun, y de apoyarse en el 1 contra 1 y en la finalización individual, una filosofía que se acabó de moldear bajo las alas de Dean Smith. Pues la legendaria carrera del primer mentor de Michael Jordan está ligada al "nacimiento" de Doug Moe y del "laissez faire" del baloncesto o, como lo conocían ambos entrenadores, el estilo "freelance". Y como el propio Smith, asistente en los primeros 3 años de Moe y HC principal en su último curso, afirmaba al Times hace casi 35 años, es el mejor estilo de juego.

 

"Doug era un jugador extraordinario, y cree fielmente en el estilo "libre". Le caracterizaba como jugador, y tiene razón. La mejor manera de atacar es de manera libre, y por eso lo impusimos aquí -North Carolina- a mediados de los '70. Te hace jugar mejor. No ves a Denver poner el balón en el suelo a menudo; lo mantienen en el aire, pasando, corriendo."

 

Estas palabras, dichas desde la más profusa admiración, confirman lo que se puede observar buceando entre recuerdos, y rescatando el palmarés de Moe. Tres veces como All-American, 2 veces en el primer equipo de la ACC, y casi 1000 puntos totales que dejan una media de 17 puntos en sus últimas 3 campañas. Y aunque lo normal, en los tiempos que corren, habría sido continuar por el camino de la NBA, por aquel entonces las cosas funcionaban de distinta forma.

¿La NBA o la ABA? Italia como verdadero punto de partida

Cuando se habla de la ABA, de la rivalidad que compartía con la NBA, de los jugadores y entrenadores que se llevó cuando surgió y mientras perduró en el tiempo, un halo de misterio rodea las conversaciones. Llega a parecer algo fantástico hablar de una competición que le quitó focos a la NBA y que marcó tendencia en muchos aspectos, pero la NBA de los años 50 tiene muy poco de la NBA del siglo XXI. Y aunque eso es una cuestión para otro día, es algo importante de remarcar. Pues Doug Moe es elegido en 1960 por los Detroit Pistons -NBA-, y un año más tarde los Chicago Packers se hacen con sus servicios -ABA-.

Y aunque no suena lógico, ambas elecciones son rechazadas. La liga italiana le cautiva. El Pallacanestro Petrarca Padova, de Padua, se ha aprovechado de la abolición parcial de la prohibición a fichar a extranjeros y Moe ha sido el elegido. Estamos en 1965, el norte de italia es la anfitriona de una competición de 12 conjuntos, y mientras en Milan o Varese tienen grandes recursos y jugadores de todo el país, el Petrarca solamente se nutre de jugadores de origen local. Hasta que se obra el milagro. Un milagro con dificultades.

Giacomo Galtarossa (información de Sports Illustrated), empresario local, decide poner de su dinero dos piezas que cambiarán el rumbo. Douglas Moe, que llega de USA, y Aleksandar Nikolic, ex-entrenador de Yugoslavia durante 15 años. Y el principio fue muy complicado.

El idioma fue un obstáculo, el talento de otros equipos fue un obstáculo... y la actitud fue un obstáculo. Quizá el mayor. Pues Padua siempre había sido un equipo perdedor, y antes de cada encuentro Moe tenía que escuchar a sus compañeros rendirse sin haber comenzado todavía a jugar. Y entonces empezaron a ganar. Antes de que empezara la temporada el italiano ya era un idioma más de Nikolic, ya habían ganado 10 partidos consecutivos y el optimismo había florecido. Un optimismo que, a mitad de temporada, se vio correspondido con su lugar en la tabla al ocupar la primera posición. Una temporada que acabaron en tercera lugar. La historia ya se había escrito.

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Doug Moe, en sus andadas con los Cougars

Y así, la siguiente temporada ya no fue igual. Con un difícil inicio marcado por las derrotas, y con el silbido de los árbitros decantando la polémica, la carrera del entrenador y del "Tar Heel" en Italia llegaban a su fin con el final de la temporada. Nikolic volvió a Belgrado y Doug Moe volvió a Estados Unidos. Donde la ABA League le esperaba expectante.

En 1967 comienza un viaje de "un año" por diferentes localizaciones de Estados Unidos, habiendo estado en 1970 en New Orleans, en Oakland y en los Cugars de Carolina. Y sus dos últimos años fueron en Virginia. Una corta trayectoria en la "vecina" de la NBA y que dejó unos números de 16 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias, en la que su primera temporada destaca absolutamente. Unos dominadores 24 puntos y 10 rebotes que le sirvieron para ir al All-Star, entrar en el primer equipo de la competición y un año después acabar en el conjunto que saldría campeón. Una hoja de servicios más corta de lo "común", pero igualmente prestigiosa. Y que le valieron un cargo de entrenador asistente en Carolina, de vuelta con los Cougars.

larry Brown, profeta de doug moe

Habían sido compañeros en North Carolina, ambos habían aprendido los fundamentos de Smith -que nunca había podido implantar completamente el estilo que después caracterizaría a Doug- y Larry Brown recibía el cargo de Head Coach principal en los Cougars. Y habiendo coincidido nuevamente en New Orleans, Oakland y Virginia, Brown considera que no podía haber mejor asistente que Moe. Carolina, donde se había puesto la primera piedra, acababa de fijar los cimientos.

Y para comprender cómo pensaba ya en un primer momento, debemos conocer una anécdota que siempre cuenta el Entrenador del Año de 2001. Después de que Brown lo mandara a hacer "scouting" de un próximo rival, su asistente volvió sin notas ni estadísticas, pero con una opinión firme y segura. "Si no podemos ganar a estos tíos, no deberíamos estar entrenando a ningún equipo". Una actitud de confianza segura y absoluta que, previo paso por Denver, le llevó a liderar a los San Antonio Spurs en la primera temporada posterior a la fusión de la ABA y la NBA, 1976.

texas, Colorado y Pensilvania, su ruta de paso

En San Antonio estará cuatro campañas y, entre otros logros, los llevará a las Finales de Conferencia de 1979. Además, serán el equipo más anotador en 3 de los 4 cursos -en el restante serán los segundos-, también acabarán en varias ocasiones como los mejores en los porcentajes de Tiros Libres, Tiros de 2 y Tiros de Campo, y estarán en la cima cada año de los máximos asistentes. Con un estilo rápido, de ataques cortos, y con varias premisas sumamente claras.

Como dejó claro Ira Winderman en 1992, los jugadores no podían tener el balón más de un segundo en su mano, cada pase debe llevar su consecuente corte hacia la canasta -alejándose del balón posteriormente para abrir espacios- y los tres máximos anotadores del equipo iban a ser los que, habitualmente, finalizarían las jugadas sin forzar ninguna situación.

Doug Moe - The Passing Game

Un sistema que se adecuaba a la perfección a las características de los Denver Nuggets de los años 80, y que convirtió a los jugadores en un reflejo constante de la personalidad de su entrenador. Despreocupado por las jugadas, con la única intención de ganar, y con la certeza de lo que debe hacer y ordenar en cada momento, que la gran mayoría del tiempo es nada. Gestionar los ataques como si fuesen una carrera de corta distancia, en la que no debes dejar que el contrincante coloque su defensa. Y para que esto funcione, el rival no debe esperar nada en concreto de tu ataque, por lo que hasta los propios jugadores deben desconocer qué va a suceder en las siguientes jugadas.

Y aunque parece algo sencillo de decir pero complicado de hacer, a los Nuggets les funcionó. Durante las 9 temporadas en las que estuvo Moe en Denver, bajaron una sola vez de los 115 puntos por partido, y en los primeros 5 no bajaron de 120, cambiando en su primer año de los 108 previos a los 121 posteriores. Esto les convirtió en top-5 anual en anotación, en asistencias, en rebotes y en efectividad desde la línea de tiro libre, dentro del perímetro y en tiros de campo totales.

Y cuando Doug Moe acabó su periplo en Denver, y echó la vista atrás, no pudo hacer otra cosa que alimentarse de orgullo. Dos temporadas sobre el 60% de victorias, 9 años consecutivos disputando PlayOffs, una Final de Conferencia... y el nacimiento de un estilo.

Porque si algo estará ligado para siempre al nombre de Douglas Edwin Moe es el "run-and-gun", la improvisación como arma arrojadiza, la acumulación de la mayor cantidad de posesiones posible y el juego vistoso y espectacular que los Nuggets llevaron por bandera por toda la NBA durante la década de los 80. Un juego del que Mike D'Antoni o Paul Westhead decidieron revestir a sus equipos, pero que no habría existido si un joven anotador de Brooklyn hubiese decidido ir en contra de todas las reglas no-escritas del baloncesto, y reinventar lo que Naismith una vez ideó.

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